Invertir en creatividad

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Especial Mi Voz
30/01/2019

La economía naranja, también conocida como industria creativa representa el 2,2% del PIB nacional. Está en ciernes pero avanza. Francisco García, encargado del área de Educación y Cultura de Doble Impacto, dice que “hemos demostrado que es rentable”.

La industria creativa, en donde convergen actividades tan diversas como el teatro, la ópera, la música, los libros, por citar algunas, es también conocida como economía naranja. El concepto no es del todo familiar. Incluso más bien ajeno, aun cuando hace más de un lustro el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicara "La Economía Naranja: una oportunidad infinita".

"Tienen algunos detalles de diferencia, pero lo entendemos más o menos como lo mismo", dice el encargado del área de Educación y Cultura de Doble Impacto, Francisco García, al hablar de ambos conceptos.

El experto explica que es un sector que se ha economizado, que se ha rentabilizado. "Probablemente el sector del arte y la cultura, en general, en el mundo avanza, hay un terreno muy grande", afirma.

La pregunta que surge entonces es que si, bajo esos lineamientos, es rentable invertir en economía naranja, si vale la pena financiar la creatividad frente a otras industrias, acaso más tangibles.

Al respecto, García observa que si bien Chile todavía se halla lejos de lo que se puede palpar en el mundo (la industria creativa representa el 2,2% del PIB), hay un intención por impulsar que sea un área económica relevante y no meramente un valor simbólico en el que se entiende que todo se hace "por amor al arte".

Además, recuerda, la inversión en creatividad, por añadidura, es más sostenible porque se basa en las ideas, no es necesario intervenir el medio ambiente.

La experiencia de Doble Impacto

El año pasado, del total de créditos que Doble Impacto gestionó para el área de Educación y Cultura, más del 70% se destinó a financiar empresas que representan el mundo de la creatividad (525 millones de pesos).

Se trata de un hecho que, según García, representa un valor, puesto que -como sostiene- financiar la cultura es promover lo que construye los pueblos, la manera como nos relacionamos.

Según apunta el también folclorista, en el ámbito de la creatividad "la brecha de financiamiento privado es muy grande, la industria creativa es muy lejana porque es como una pérdida, y no es así. Entonces, hay un potencial en nuestro discurso que implica cambiar un paradigma, que efectivamente tiene una mirada distinta, que no es neutral con la industria creativa, no es neutral con la cultura y las artes porque es lo que construye los pueblos. La cultura es como nos relacionamos, entonces ¿cómo no vamos a estar? porque el gran drama de la industria creativa es que depende del Fondart y de las donaciones culturales que son muy pocas”. 

“Hay modelos de negocios que existen en la industria creativa que pueden ser rentables”, asevera al mismo tiempo que subraya que “si uno se da el tiempo para entender esos flujos, entender la estructura del crédito, efectivamente lo pueden pagar y hay una rentabilidad en eso.Y eso se ha acuñado como economía naranja”.